La
evaluación tiene repercusiones sociales. Toda evaluación produce cierta
información que debe manejarse con discrecionalidad, porque en el centro están
personas e instituciones, si los resultados no son favorables y si la
evaluación se hace pública puede tener efectos negativos en la imagen de la
persona o institución evaluada. En el ámbito concreto de la educación, la
evaluación afecta al alumnado, al profesorado, a los responsables de los
centros educativos, a las familias etc. Por esta razón la evaluación Institucional es un proceso permanente e integrador,
que se desarrolla dentro y/o fuera de la institución, a los efectos de
favorecer la calidad educativa, mediante juicios de valor, dando bases para la
toma de decisiones.
La evaluación
institucional, va mas allá del alumno como objeto de evaluación, pues abarca
tanto a la administración educativa, como al centro escolar y al alumnado.
Se
configura como una práctica reflexiva, sistemática y autorreguladora que se
sustenta en sus tres ejes fundamentales, el axiológico, el teórico y el
metodológico
En este apartado vamos a limitar nuestra atención a justificar desde las
categorías objetividad y justicia la siguiente afirmación: “Los aspectos
técnicos y los resultados de una evaluación obtienen más valor cuando son
orientados por principios éticos”.
El razonamiento basado en principios éticos debe ser un imperativo categórico
en el proceso de toda evaluación. Sin principios éticos la evaluación puede ser
una excusa mediática para descalificar y manipular información. Por lo tanto,
la evaluación debe ser desde un inicio ética, de lo contrario no es una
valoración fidedigna.
En todo proceso de evaluación, antes de iniciarse, el objetivo más importante
que se debe tener en cuenta es, en primer lugar, valorar, conocer y evaluar
cuidadosamente las personas o institución consultora que van a realizar el
trabajo. Y, en segundo lugar, cuáles son los criterios éticos que se pondrán en
práctica en el proceso evaluativo.
Existen dos categorías desde la cuales se puede justificar que la evaluación
institucional es más fidedigna cuando están fundada en principios éticos, estos
son: la objetividad y la justicia.
La objetividad es un principio que orienta y guía un enfoque de la realidad, la
objetividad afirma que es necesario abstenerse de formular estimaciones
críticas e inferir conclusiones sin tener juicios o por considerar que el saber
es incapaz de verificarla1. Con la objetividad lo que se busca es
alejar los juicios previos y fundar los resultados de una evaluación en juicios
verificables y sostenibles.
Además de verse la objetividad como un principio axiológico, también puede
considerarse como objetivos a valorar. Desde este punto de vista busca evaluar
los fines perseguidos por una institución con criterios científicos
cualicuantificables que garanticen el rigor de la metodología empleada. Pero en
definitiva, la objetividad tiene que ver con la honradez, la imparcialidad, la
integridad, la justicia.
Toda la ética social gira en torno al concepto justicia, sin embargo hay muchas
definiciones2. Para dar un concepto adecuado a lo que queremos
justificar vamos a tomar la definición Dean Backley; “justicia es una relación
social”. Esta categoría, dice Dean, encierra tres rasgos: independencia,
diagnostica el abuso de poder y la responsabilidad3. De aquí se puede inferir
que una evaluación personal o institucional carece de valor cuando se ve como
un instrumento de control, cuando carece de independencia en los juicios de
valor y cuando no es responsable con la información obtenida.
Toda evaluación es una relación. En la evaluación interactúan personas donde
unas construyen y proyectan juicios de valor sobre personas e instituciones y
la institución es, en última instancia, una relación humana. Por tanto, la
evaluación apoyada en principios éticos lleva el imperativo categórico de ser
lo más objetivamente posible y de ser justa.
No hay que olvidar que los fines de la Evaluación son: recoger información,
emitir juicio de valor, tomar decisiones. De aquí la preocupación desde la
perspectiva ética de expresar el interés por conocer la institución o persona
evaluadora, qué fines persigue y qué usos dará a la información obtenida de la
evaluación
Son numerosos los testimonios que sostienen que la evaluación ha sido instrumento
de control, de amenaza, e incluso de venganza. La evaluación basada en
principios éticos garantiza mejor su cometido de ser una herramienta que sirva
para, interpretar, cambiar y mejorar la institución. En el ámbito educativo la
evaluación debe ser un proceso integrador y formativo que debe realizarse, con
el fin de ayudar a la calidad educativa mediante juicios de valor, y que sirvan
de base para la toma de decisiones acertadas.
En definitiva, toda planificación evaluativa debe estar sustentada, por lo
menos, en principios éticos como la objetividad y la justicia. Desde esta
concepción todos los aspectos técnicos de la evaluación adquieren sentido y
significado y adquieren más valor crediticio.
COMENTARIO:
Se debe aplicar la
evaluación institucional, porque esta produce juicios valorativos, permite la
ejecución de lo planificado, y conlleva a situaciones positivas a las
organizaciones educativas al aplicarla de forma periódica se estaría abonando a
crecer y ampliar la cultura de desarrollo por medio de la evaluación
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