viernes, 10 de julio de 2015

ETICA EN LA EVALUACION INSTITUCIONAL

La evaluación se refiere a medir, apreciar, calificar y estimar los resultados del proceso enseñanza-aprendizaje, que se lleva a cabo de manera continua con el propósito de proporcionar información útil para emitir juicios y tomar decisiones sobre el rendimiento académico.  Sin embargo, los resultados de una evaluación no pueden considerarse infalibles ni indiscutibles debido a la existencia de elementos que pudiesen influir en el evaluador.
Según López V. (2012) (…) es lógico pensar que las actividades que tengan que ver con prácticas sociales, con contacto humano y educativo pueden tener implicaciones éticas a las que hay que darles una mención especial.  En este sentido, la evaluación institucional es un proceso educativo que es responsabilidad directa de los docentes y se ve influenciada por múltiples factores que pueden afectar la confiabilidad de los juicios emitidos hacia las competencias obtenidas por el estudiante. 
López V. (2012) afirma además que la actuación de los profesores, en la que se incluye la académica, tiene una inevitable influencia ideológica y moral, y aunque muchos afirman mantener la imparcialidad a la hora de desarrollar su labor, es indiscutible que hay muchos aspectos que de forma inconsciente o por desconocimiento escapan de sus manos.  Considero que la actuación del docente es fundamental en el desarrollo académico y emocional de los alumnos, por lo que éste debe mantener el equilibrio en todas las facetas del proceso enseñanza-aprendizaje, sin inclinaciones tendenciosas ni preferencias particulares que condicionen los resultados de sus evaluaciones.
La ética es definida por Fieser (2010) como la rama de la filosofía que estudia los comportamientos en cuanto pueden ser considerados como buenos o malos. Tiene como centro de atención las acciones humanas y aquellos aspectos de las mismas que se relacionan con el bien, la virtud, el deber, la felicidad y la vida realizada.  Aplicando este concepto al ámbito educativo, el docente encargado de calificar el comportamiento del alumno, tiene sobre si, la responsabilidad de mantener una conducta coherente e intachable para que se consideren validos sus juicios, consciente además que él mismo está siendo evaluado por instancias superiores. 
Cabe destacar, que en aras de lograr la excelencia educativa no basta con mantener criterios éticos en la relación docente-estudiante, sino que es menester que la evaluación en todos los niveles sea considerada un proceso ético más que una actividad técnica. Es decir, que los aspectos técnicos de la evaluación institucional deben basarse en la objetividad, así como en la justicia, el respeto y los méritos.  En su artículo Manzano (2015) manifiesta que no hay que olvidar que los fines de la evaluación son: recoger información, emitir juicio de valor, tomar decisiones. Son numerosos los testimonios que sostienen que la evaluación ha sido instrumento de control, de amenaza, e incluso de venganza. La evaluación basada en principios éticos garantiza mejor su cometido de ser una herramienta que sirva para, interpretar, cambiar y mejorar la institución. En el ámbito educativo la evaluación debe ser un proceso integrador y formativo que debe realizarse, con el fin de ayudar a la calidad educativa mediante juicios de valor, y que sirvan de base para la toma de decisiones acertadas.  Por ejemplo, en un centro educativo donde se evalúe las funciones del personal obrero en términos justos y se planteen estrategias de sana competencia y de reconocimientos, pronto se notará una mejoría en el mantenimiento de los espacios de la institución.
En relación con lo anteriormente expuesto, cada institución debe manejar códigos de ética que, según López A. (2010), son instrumentos en los que se establecen los valores y conductas que los guían en su quehacer diario.  Estos códigos se deben basar en principios éticos como puntualidad, disciplina, respeto, trabajo en equipo, orden, presencia, entre otros, que deben ser revisados y actualizados constantemente para ajustarlos a la realidad institucional, con la premisa de mejora continua, tanto para docentes como para alumnos.
En conclusión, considero que la ética en la evaluación institucional es meramente de compromiso individual. Según Eisner (1998), existe un acuerdo unánime entre investigadores y  evaluadores en que su trabajo y su conducta deberían ser éticos, ya que el hacer las cosas bien es mejor que hacerlas mal, la conducta no ética no tiene cabida en la evaluación.   A mi entender, cada persona debe tomar conciencia de su responsabilidad en el trabajo y cumplir a cabalidad sus funciones, sabiendo que forma parte de un equipo en el que su participación es importante para el logro de objetivos.  De esta manera, las evaluaciones institucionales estarían orientadas más hacia la mejora y perfeccionamiento de la labor docente, que en estar recalcando el cumplimiento de las funciones.
Participante:
Fanny Duque C.I. V.- 9.126.180
 Referencias.
 ·         Eisner, E (1998).  El ojo ilustrado. Indagación cualitativa y mejora de la práctica educativa. Barcelona, España.
·         López, J. (2012). El papel de la ética en la evaluación educativa. Licenciatura en Psicopedagogía. Universidad de Huelva. España.
·         López, M. (2010). Programa de Fortalecimiento a la Transversalidad de la Perspectiva de Género. Instituto Sonorense de la Mujer. México.

·         Manzano, M. (2015). La ética en la Evaluación Institucional. Artículo de la Universidad Luterana Salvadoreña. El Salvador.


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