La evaluación se refiere a medir, apreciar, calificar y
estimar los resultados del proceso enseñanza-aprendizaje, que se lleva a cabo
de manera continua con el propósito de proporcionar información útil para
emitir juicios y tomar decisiones sobre el rendimiento académico. Sin embargo, los resultados de una evaluación
no pueden considerarse infalibles ni indiscutibles debido a la existencia de
elementos que pudiesen influir en el evaluador.
Según López V. (2012) (…) es lógico pensar que las
actividades que tengan que ver con prácticas sociales, con contacto humano y
educativo pueden tener implicaciones éticas a las que hay que darles una
mención especial. En este sentido, la
evaluación institucional es un proceso educativo que es responsabilidad directa
de los docentes y se ve influenciada por múltiples factores que pueden afectar la
confiabilidad de los juicios emitidos hacia las competencias obtenidas por el estudiante.
López V. (2012) afirma además que la actuación de los
profesores, en la que se incluye la académica, tiene una inevitable influencia
ideológica y moral, y aunque muchos afirman mantener la imparcialidad a la hora
de desarrollar su labor, es indiscutible que hay muchos aspectos que de forma
inconsciente o por desconocimiento escapan de sus manos. Considero que la actuación del docente es
fundamental en el desarrollo académico y emocional de los alumnos, por lo que éste
debe mantener el equilibrio en todas las facetas del proceso
enseñanza-aprendizaje, sin inclinaciones tendenciosas ni preferencias
particulares que condicionen los resultados de sus evaluaciones.
La ética es definida por Fieser (2010) como la rama de la
filosofía que estudia los comportamientos en cuanto pueden ser considerados
como buenos o malos. Tiene como centro de atención las acciones humanas y
aquellos aspectos de las mismas que se relacionan con el bien, la virtud, el
deber, la felicidad y la vida realizada.
Aplicando este concepto al ámbito educativo, el docente encargado de
calificar el comportamiento del alumno, tiene sobre si, la responsabilidad de
mantener una conducta coherente e intachable para que se consideren validos sus
juicios, consciente además que él mismo está siendo evaluado por instancias
superiores.
Cabe destacar, que en aras de lograr la excelencia educativa
no basta con mantener criterios éticos en la relación docente-estudiante, sino
que es menester que la evaluación en todos los niveles sea considerada un
proceso ético más que una actividad técnica. Es decir, que los aspectos
técnicos de la evaluación institucional deben basarse en la objetividad, así
como en la justicia, el respeto y los méritos. En su artículo Manzano (2015) manifiesta que no
hay que olvidar que los fines de la evaluación son: recoger información, emitir
juicio de valor, tomar decisiones. Son numerosos los testimonios que sostienen
que la evaluación ha sido instrumento de control, de amenaza, e incluso de
venganza. La evaluación basada en principios éticos garantiza mejor su cometido
de ser una herramienta que sirva para, interpretar, cambiar y mejorar la
institución. En el ámbito educativo la evaluación debe ser un proceso
integrador y formativo que debe realizarse, con el fin de ayudar a la calidad
educativa mediante juicios de valor, y que sirvan de base para la toma de
decisiones acertadas. Por ejemplo, en un
centro educativo donde se evalúe las funciones del personal obrero en términos
justos y se planteen estrategias de sana competencia y de reconocimientos,
pronto se notará una mejoría en el mantenimiento de los espacios de la
institución.
En relación con lo anteriormente expuesto, cada institución
debe manejar códigos de ética que, según López A. (2010), son instrumentos en
los que se establecen los valores y conductas que los guían en su quehacer
diario. Estos códigos se deben basar en
principios éticos como puntualidad, disciplina, respeto, trabajo en equipo,
orden, presencia, entre otros, que deben ser revisados y actualizados
constantemente para ajustarlos a la realidad institucional, con la premisa de
mejora continua, tanto para docentes como para alumnos.
En conclusión, considero que la ética en la evaluación
institucional es meramente de compromiso individual. Según Eisner (1998),
existe un acuerdo unánime entre investigadores y evaluadores en que su trabajo y su conducta
deberían ser éticos, ya que el hacer las cosas bien es mejor que hacerlas mal,
la conducta no ética no tiene cabida en la evaluación. A mi
entender, cada persona debe tomar conciencia de su responsabilidad en el
trabajo y cumplir a cabalidad sus funciones, sabiendo que forma parte de un
equipo en el que su participación es importante para el logro de
objetivos. De esta manera, las
evaluaciones institucionales estarían orientadas más hacia la mejora y
perfeccionamiento de la labor docente, que en estar recalcando el cumplimiento
de las funciones.
Participante:
Fanny
Duque C.I. V.- 9.126.180
Referencias.
·
Eisner, E (1998). El
ojo ilustrado. Indagación cualitativa y mejora de la práctica educativa.
Barcelona, España.
·
López, J. (2012). El papel de la ética en la evaluación
educativa. Licenciatura en Psicopedagogía. Universidad de Huelva. España.
·
López, M. (2010). Programa de Fortalecimiento a la
Transversalidad de la Perspectiva de Género. Instituto Sonorense de la Mujer.
México.
·
Manzano, M. (2015). La ética en la Evaluación Institucional.
Artículo de la Universidad Luterana Salvadoreña. El Salvador.
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