viernes, 10 de julio de 2015

ÉTICA DE LA EVALUACIÓN INSTITUCIONAL

Para dar comienzo, con la temática de la Ética de la Evaluación Institucional, es necesario comprender que la Evaluación en el campo educativo, es un proceso de recabar información  que conlleva a emitir juicios de valor, que contribuye a la toma de decisiones, así lo expresa Ruiz (1996) es un “proceso de análisis estructurado y reflexivo, que permite comprender la naturaleza del objeto de estudio y emitir juicios de valor sobre sí mismo, proporcionando información para ayudar a mejorar y ajustar la acción educativa.” (p. 18),  por otra parte, se entiende que la Ética, es inherente a la sociedad que determina principios y las acciones (lo bueno y malo), así lo refiere Franco (2008). como la “rama de la filosofía que se encarga del estudio de la moral como costumbre y norma originada en el seno de una sociedad para orientar o prescribir lo que ella considera vital para mantener la supervivencia del grupo, la paz y la convivencia.” (p.149)
De tal manera, que la ética y la evaluación dentro del contexto educativo van de la mano, conforman un papel relevante y determinante, motivado a que se requiere del proceso evaluativo, para valorar el desempeño de los miembros que la integran: estudiantes (contenidos, capacidades, actitudes), docentes (praxis pedagógica),  directivos ( gestión), entre otros; cuyo objetivo es mejorar y fortalecer la calidad educativa, por ende, conlleva un acto de intercambio de opiniones e ideas entre personas, donde el evaluado y el evaluador estarán en contacto, requiere que el evaluador posea una visión clara con respecto a lo qué va evaluar y a quienes evaluara, con  principios éticos y valores morales, con capacidad para la comunicación, el dialogo, negociar y promocionar el debate, teniendo en cuenta que toda persona  es un  ser bio-psico-social-espiritual.
De lo antes expuesto, Manzano (2015) expresa que “Toda evaluación es una relación. En la evaluación interactúan personas donde unas construyen y proyectan juicios de valor sobre personas e instituciones y la institución es, en última instancia, una relación humana.”, asimismo, plantea que, “existen dos categorías desde la cuales se puede justificar que la evaluación institucional es más fidedigna cuando están fundada en principios éticos, estos son: la objetividad y la justicia.” (s/p). Es por ello, que el evaluador debe propiciar un clima de relaciones humanas basadas en el respeto mutuo, libertad y confianza con sentido de compromiso y responsabilidad, teniendo en cuenta, que la evaluación requiere de la planificación de todo el proceso, debe responder a objetivos, además de establecer las estrategias acordes al contexto y objeto a evaluar.     
De allí, que House (1993), citado por Moreno (2011) afirma que “los tres principios éticos son el respeto mutuo, la no coerción y no manipulación, y el respeto y defensa de unos valores democráticos. Estos principios pueden ser útiles para guiar la deliberación ética para la evaluación educativa.” (p.134). Por ende, la evaluación fundamentada en principios éticos y morales constituye uno de los factores más relevantes y eficaces que facilita la toma de decisiones, a través de la construcción de respuestas, análisis y reflexiones morales, tanto del proceso de enseñanza y aprendizaje como en el desempeño de las funciones  de los miembros que hacen vida en la institución.
 A lo anteriormente señalado, Manzano (2015) expresa que “la evaluación basada en principios éticos garantiza mejor su cometido de ser una herramienta que sirva para, interpretar, cambiar y mejorar la institución.” (s/p), e igualmente, Franco (2008) determina que:
 La evaluación ética permite incluir todo lo que de humano tiene esta función, es decir, comprender, entender, analizar, valorar, juzgar y jerarquizar los logros y desempeños de las personas con el fin de mejorar lo mejorable, perfeccionar lo perfectible y finalmente estimular y motivar hacia la calidad y la excelencia en el saber, en el ser, en el pensar, en el hacer, en el conducirse. El respeto al otro, a su libertad de elección y de decisión, a su autonomía, deben ser la base sobre la que se construya un sistema de evaluación que integre la justicia, la equidad, la igualdad, la bondad, la solidaridad capaz de crear una conciencia crítica que aporte al crecimiento y desarrollo humano (p.153)

Para concluir,  son muchos los factores que intervienen en el proceso evaluativo, por lo cual, no es una tarea fácil debido a los temores o miedos que esta genera en el evaluado, lo que en épocas pasadas se basaba en un proceso cerrado o autoritario, se emitían juicios cuantitativamente de los conocimientos u objetivos a alcanzar y los criterios o indicadores a evaluar dependían algunas veces del estado de ánimo del evaluador, es por tal motivo, que es necesario cultivar la cultura de la evaluación desde los espacios de aprendizaje, sustentada en un proceso dinámico, consciente, reflexivo  y democrático, donde todos los involucrados formen parte de la misma, con valores  morales y éticos que permitan emitir juicios y favorezcan   la toma de decisiones más acertadas que fortalezcan la calidad del proceso educativo.
                                                                                                 Autora:
                                                                                       Susana M. Delgado M.
                                                                                        C.I. 10172245

CUADRO COMPARATIVO: EVALUACIÓN INSTITUCIONAL


LA ÉTICA DE LA EVALUACION INSTITUCIONAL

La evaluación tiene repercusiones sociales. Toda evaluación produce cierta información que debe manejarse con discrecionalidad, porque en el centro están personas e instituciones, si los resultados no son favorables y si la evaluación se hace pública puede tener efectos negativos en la imagen de la persona o institución evaluada. En el ámbito concreto de la educación, la evaluación afecta al alumnado, al profesorado, a los responsables de los centros educativos, a las familias etc. Por esta razón la evaluación Institucional es un proceso permanente e integrador, que se desarrolla dentro y/o fuera de la institución, a los efectos de favorecer la calidad educativa, mediante juicios de valor, dando bases para la toma de decisiones.
La evaluación institucional, va mas allá del alumno como objeto de evaluación, pues abarca tanto a la administración educativa, como al centro escolar y al alumnado.
Se configura como una práctica reflexiva, sistemática y autorreguladora que se sustenta en sus tres ejes fundamentales, el axiológico, el teórico y el metodológico



En este apartado vamos a limitar nuestra atención a justificar desde las categorías objetividad y justicia la siguiente afirmación: “Los aspectos técnicos y los resultados de una evaluación obtienen más valor cuando son orientados por principios éticos”.

El razonamiento basado en principios éticos debe ser un imperativo categórico en el proceso de toda evaluación. Sin principios éticos la evaluación puede ser una excusa mediática para descalificar y manipular información. Por lo tanto, la evaluación debe ser desde un inicio ética, de lo contrario no es una valoración fidedigna.

En todo proceso de evaluación, antes de iniciarse, el objetivo más importante que se debe tener en cuenta es, en primer lugar, valorar, conocer y evaluar cuidadosamente las personas o institución consultora que van a realizar el trabajo. Y, en segundo lugar, cuáles son los criterios éticos que se pondrán en práctica en el proceso evaluativo.

Existen dos categorías desde la cuales se puede justificar que la evaluación institucional es más fidedigna cuando están fundada en principios éticos, estos son: la objetividad y la justicia.

La objetividad es un principio que orienta y guía un enfoque de la realidad, la objetividad afirma que es necesario abstenerse de formular estimaciones críticas e inferir conclusiones sin tener juicios o por considerar que el saber es incapaz de verificarla1. Con la objetividad lo que se busca es alejar los juicios previos y fundar los resultados de una evaluación en juicios verificables y sostenibles.

Además de verse la objetividad como un principio axiológico, también puede considerarse como objetivos a valorar. Desde este punto de vista busca evaluar los fines perseguidos por una institución con criterios científicos cualicuantificables que garanticen el rigor de la metodología empleada. Pero en definitiva, la objetividad tiene que ver con la honradez, la imparcialidad, la integridad, la justicia.

Toda la ética social gira en torno al concepto justicia, sin embargo hay muchas definiciones2. Para dar un concepto adecuado a lo que queremos justificar vamos a tomar la definición Dean Backley; “justicia es una relación social”. Esta categoría, dice Dean, encierra tres rasgos: independencia, diagnostica el abuso de poder y la responsabilidad3. De aquí se puede inferir que una evaluación personal o institucional carece de valor cuando se ve como un instrumento de control, cuando carece de independencia en los juicios de valor y cuando no es responsable con la información obtenida.

Toda evaluación es una relación. En la evaluación interactúan personas donde unas construyen y proyectan juicios de valor sobre personas e instituciones y la institución es, en última instancia, una relación humana. Por tanto, la evaluación apoyada en principios éticos lleva el imperativo categórico de ser lo más objetivamente posible y de ser justa.

No hay que olvidar que los fines de la Evaluación son: recoger información, emitir juicio de valor, tomar decisiones. De aquí la preocupación desde la perspectiva ética de expresar el interés por conocer la institución o persona evaluadora, qué fines persigue y qué usos dará a la información obtenida de la evaluación

Son numerosos los testimonios que sostienen que la evaluación ha sido instrumento de control, de amenaza, e incluso de venganza. La evaluación basada en principios éticos garantiza mejor su cometido de ser una herramienta que sirva para, interpretar, cambiar y mejorar la institución. En el ámbito educativo la evaluación debe ser un proceso integrador y formativo que debe realizarse, con el fin de ayudar a la calidad educativa mediante juicios de valor, y que sirvan de base para la toma de decisiones acertadas.

En definitiva, toda planificación evaluativa debe estar sustentada, por lo menos, en principios éticos como la objetividad y la justicia. Desde esta concepción todos los aspectos técnicos de la evaluación adquieren sentido y significado y adquieren más valor crediticio.

COMENTARIO:


Se debe aplicar la evaluación institucional, porque esta produce juicios valorativos, permite la ejecución de lo planificado, y conlleva a situaciones positivas a las organizaciones educativas al aplicarla de forma periódica se estaría abonando a crecer y ampliar la cultura de desarrollo por medio de la evaluación



ETICA EN LA EVALUACION INSTITUCIONAL

La evaluación se refiere a medir, apreciar, calificar y estimar los resultados del proceso enseñanza-aprendizaje, que se lleva a cabo de manera continua con el propósito de proporcionar información útil para emitir juicios y tomar decisiones sobre el rendimiento académico.  Sin embargo, los resultados de una evaluación no pueden considerarse infalibles ni indiscutibles debido a la existencia de elementos que pudiesen influir en el evaluador.
Según López V. (2012) (…) es lógico pensar que las actividades que tengan que ver con prácticas sociales, con contacto humano y educativo pueden tener implicaciones éticas a las que hay que darles una mención especial.  En este sentido, la evaluación institucional es un proceso educativo que es responsabilidad directa de los docentes y se ve influenciada por múltiples factores que pueden afectar la confiabilidad de los juicios emitidos hacia las competencias obtenidas por el estudiante. 
López V. (2012) afirma además que la actuación de los profesores, en la que se incluye la académica, tiene una inevitable influencia ideológica y moral, y aunque muchos afirman mantener la imparcialidad a la hora de desarrollar su labor, es indiscutible que hay muchos aspectos que de forma inconsciente o por desconocimiento escapan de sus manos.  Considero que la actuación del docente es fundamental en el desarrollo académico y emocional de los alumnos, por lo que éste debe mantener el equilibrio en todas las facetas del proceso enseñanza-aprendizaje, sin inclinaciones tendenciosas ni preferencias particulares que condicionen los resultados de sus evaluaciones.
La ética es definida por Fieser (2010) como la rama de la filosofía que estudia los comportamientos en cuanto pueden ser considerados como buenos o malos. Tiene como centro de atención las acciones humanas y aquellos aspectos de las mismas que se relacionan con el bien, la virtud, el deber, la felicidad y la vida realizada.  Aplicando este concepto al ámbito educativo, el docente encargado de calificar el comportamiento del alumno, tiene sobre si, la responsabilidad de mantener una conducta coherente e intachable para que se consideren validos sus juicios, consciente además que él mismo está siendo evaluado por instancias superiores. 
Cabe destacar, que en aras de lograr la excelencia educativa no basta con mantener criterios éticos en la relación docente-estudiante, sino que es menester que la evaluación en todos los niveles sea considerada un proceso ético más que una actividad técnica. Es decir, que los aspectos técnicos de la evaluación institucional deben basarse en la objetividad, así como en la justicia, el respeto y los méritos.  En su artículo Manzano (2015) manifiesta que no hay que olvidar que los fines de la evaluación son: recoger información, emitir juicio de valor, tomar decisiones. Son numerosos los testimonios que sostienen que la evaluación ha sido instrumento de control, de amenaza, e incluso de venganza. La evaluación basada en principios éticos garantiza mejor su cometido de ser una herramienta que sirva para, interpretar, cambiar y mejorar la institución. En el ámbito educativo la evaluación debe ser un proceso integrador y formativo que debe realizarse, con el fin de ayudar a la calidad educativa mediante juicios de valor, y que sirvan de base para la toma de decisiones acertadas.  Por ejemplo, en un centro educativo donde se evalúe las funciones del personal obrero en términos justos y se planteen estrategias de sana competencia y de reconocimientos, pronto se notará una mejoría en el mantenimiento de los espacios de la institución.
En relación con lo anteriormente expuesto, cada institución debe manejar códigos de ética que, según López A. (2010), son instrumentos en los que se establecen los valores y conductas que los guían en su quehacer diario.  Estos códigos se deben basar en principios éticos como puntualidad, disciplina, respeto, trabajo en equipo, orden, presencia, entre otros, que deben ser revisados y actualizados constantemente para ajustarlos a la realidad institucional, con la premisa de mejora continua, tanto para docentes como para alumnos.
En conclusión, considero que la ética en la evaluación institucional es meramente de compromiso individual. Según Eisner (1998), existe un acuerdo unánime entre investigadores y  evaluadores en que su trabajo y su conducta deberían ser éticos, ya que el hacer las cosas bien es mejor que hacerlas mal, la conducta no ética no tiene cabida en la evaluación.   A mi entender, cada persona debe tomar conciencia de su responsabilidad en el trabajo y cumplir a cabalidad sus funciones, sabiendo que forma parte de un equipo en el que su participación es importante para el logro de objetivos.  De esta manera, las evaluaciones institucionales estarían orientadas más hacia la mejora y perfeccionamiento de la labor docente, que en estar recalcando el cumplimiento de las funciones.
Participante:
Fanny Duque C.I. V.- 9.126.180
 Referencias.
 ·         Eisner, E (1998).  El ojo ilustrado. Indagación cualitativa y mejora de la práctica educativa. Barcelona, España.
·         López, J. (2012). El papel de la ética en la evaluación educativa. Licenciatura en Psicopedagogía. Universidad de Huelva. España.
·         López, M. (2010). Programa de Fortalecimiento a la Transversalidad de la Perspectiva de Género. Instituto Sonorense de la Mujer. México.

·         Manzano, M. (2015). La ética en la Evaluación Institucional. Artículo de la Universidad Luterana Salvadoreña. El Salvador.


LA ÉTICA EN LA EVALUACIÓN (ENSAYO)

Los profesionales en las diferentes áreas donde se desempeñan encuentran   implicaciones éticas de múltiples magnitudes, en este sentido, es lógico pensar que las actividades que tengan que ver con prácticas sociales, con contacto humano y educativo pueden tener intervenciones éticas a las que hay que darles una relevancia especial. En el caso del sistema educativo,  si no se llevase a cabo el acto evaluativo, a través de una sana vigilancia moral, se podría caer en la injusticia, abuso de poder... Por ello, es necesario velar para que los valores y principios morales de la sociedad se vean latentes en la realidad educativa.
Es así, como Fiesser (2005)  define la ética como la rama de la filosofía que estudia los comportamientos en cuanto pueden ser considerados como buenos o malos. En este contexto, tiene como centro de atención las acciones humanas y aquellos aspectos de las mismas que se relacionan con el bien, la virtud, el deber, la felicidad y la vida realizada. La ética estudia qué es lo moral, cómo se justifica racionalmente un sistema moral, y cómo se ha de aplicar posteriormente a nivel individual y a nivel social.
En este orden de ideas, las acciones de los profesionales de la educación en su praxis pedagógica  enfrentan diversas problemáticas en cuanto  al acto evaluativo en su dimensión ética se refiere. Pues la evaluación académica, tiene una inevitable influencia ideológica y moral. Si bien es cierto que los docentes manifiestan firmemente ser imparciales a la hora de ejecutar el acto evaluativo, hay ciertos aspectos que de forma inconsciente o sencillamente por puro desconocimiento escapan de sus manos e impiden que su actuar esté en consonancia ética con la labor profesional que desempeñan. Aspectos estos referidos al etiquetaje, intereses personales, ideas preconcebidas, influencia de rumores, entre otros, que interfieren o contaminan el acto evaluativo generando como resultado una conclusión evaluadora errónea influyendo de este modo todo el proceso mismo.
Ante lo anteriormente expuesto, se infiere que existen múltiples carencias éticas y profesionales en el educador para ejercer el rol de evaluador. Entre estas se encuentra la falta de objetividad de los profesionales de la educación a la hora de evaluar en la mayoría de los casos. Esta se puede producir por la falta de competencia profesional (preparación) o de manera consciente e intencionada.
En el primer aspecto citado, se cometen desaciertos en el diseño incorrecto de evaluaciones, es decir, en el instrumento de evaluación o inexistente relación entre los contenidos impartidos y los contenidos evaluados. Esta debilidad hace que el profesional presente un déficit en su formación, aunque éste no sea consciente de ello, no le exime de su responsabilidad. En relación al segundo aspecto mencionado, vinculado con la intencionalidad se pone de manifiesto  cuando el docente decide beneficiar a un evaluado sobre otro, sin razones sólidas viéndose afectado el acto evaluativo por la subjetividad de los intereses propios del evaluador.
De igual forma, en el acto evaluativo del docente, interviene otro aspecto no menos importante que afecta al mismo: El poder que detenta el educador en el acto de evaluación está dado por la situación asimétrica que caracteriza la relación didáctica. El triángulo didáctico (Pozo: 1996) formado por el educador, el educando y el objeto de conocimiento marca desde su constitución una relación de asimetría. El educador es quien conduce, guía y orienta al educando en su proceso de conocimiento, es quien presenta el objeto de conocimiento, quien lo hace aprehensible, quien sopesa y adecua las capacidades del educando y la complejidad del objeto, es quien finalmente evalúa en que medida ese objeto con sus múltiples dimensiones ha sido aprendido por el educando.
Desde esta óptica, el poder es parte del proceso de enseñanza y aprendizaje. Sin embargo, este puede ser ejercido de diversas formas. Su legitimidad en el ejercicio depende de su orientación, de su focalización en el proceso. Un uso legítimo del poder es productivo (Foucault:1993). Pero el poder conferido en una situación asimétrica puede ser utilizado de forma antiética. Si el poder otorgado por esta situación no se utiliza para la guía y orientación del educando sino para fines ajenos a los del proceso de enseñanza aprendizaje, caemos en una falla ética.
En consecuencia,  múltiples  son las ocasiones en las que se comete una falla ética, tales como obtener un beneficio del sujeto evaluado a cambio de una buena calificación, satisfacer la necesidad narcisista del docente de sentirse poderoso frente a los alumnos, etc. Estas situaciones pueden estar alentadas por el carácter asimétrico de la relación. Pero no es la relación asimétrica en sí misma lo que produce la falla ética sino el uso que se hace de esta relación de poder.
De lo anterior, se evidencia que la evaluación le da al docente poder no solo ante los estudiantes sino poder ante las familias. En muchas ocasiones el educador no comprende la magnitud del impacto que tiene una determinada ponderación o calificación en la vida de un niño, niña o adolescente y su familia. Estudiantes marcados de por vida por una evaluación o ponderación que nunca comprendieron, o por aquel estudiante que aparentemente nunca le importo los resultados de la misma, pero que aún tiene un impacto en su vida futura tanto en lo académico como en lo laboral.
Al mismo tiempo, la ética evaluativa se pone en detrimento cuando el acto evaluativo es muchas veces un modo de etiquetar a los estudiantes con diferentes estigmas que lo subestiman y que arrastra desde sus primeros años de escuela hasta sus estudios superiores. Un niño cuya personalidad está en formación  construye una imagen pobre de si mismo (Ormart 2004). Es decir, lo que le dicen los adultos es la única verdad que conoce. Si los docentes coinciden en que no tiene capacidad intelectual, la imagen que ve reflejada en el espejo de los otros es la de sus propias deficiencias.
 De igual forma, el docente compromete su ética evaluativa, al seguir “obedientemente” reglas o lineamientos de sus superiores inmediatos o del órgano rector. Es decir, el actual sistema educativo exige que no deban existir estudiantes reprobados, al menos en primaria. Y en caso de que los hubiere, el docente debe fundamentar y justificar la no aprobación de tal estudiante al siguiente año escolar.  
Al respecto conviene decir, que  la actitud de la mayoría de los docentes es la aceptación sumisa de las órdenes. Sea por presión de los coordinadores académicos, sea por cansancio, por fastidio, por no querer discusiones con los representantes, por no comprometer su  trabajo... Sea por el motivo que fuere, resulta que la actitud de sumisión es mayoritaria. Como docente en ejercicio evidencio cada año escolar tal realidad escolar. Lo anterior no implica que no se deba acatar los lineamientos del sistema, pues ni la obediencia ciega a órdenes, ni la actitud reaccionaria del docente constituyen verdaderos posicionamientos éticos. Por naturaleza el ser humano tiende a obedecer ordenes dadas por un inmediato superior, sin embargo esto no lo exime de su responsabilidad ética como profesional de la educación.
Cabe concluir que ante las diversas debilidades éticas en las que se ve inmerso el educador en su rol de evaluador, al verse afectado por el poder que el acto evaluativo  le confiere; al igual que  la objetividad contrapuesta con la subjetividad en sus juicios de valor y la sumisión a las ordenes superiores; aspectos éticos y morales como la idoneidad, la competencia y la responsabilidad profesional y social se ponen en juego en el proceso de enseñanza y aprendizaje, especialmente a la hora de evaluar los aprendizajes de los estudiantes.
El docente desarrolla una ética evaluativa idonea cuando garantiza la objetividad en el proceso, es decir cuando ejecuta el poder que le confiere el acto evaluativo en su profesión para una correcta evaluación. Al igual que solo podrá ser posible una correcta evaluación cuando planifica la misma, diseña instrumentos a evaluar y las posibles lecturas que tendrán dichos instrumentos (Ormart 2004), cuando asume las consecuencias de sus actos al ser responsable profesional y socialmente.


YANETH ISABEL BLANCO BARON

CI. 13185490